INFECCIONES URINARIAS EN PEDIATRIA – Por Dra. Diana Bello Márquez

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La infección de vías urinarias representan uno de los motivos de consulta más frecuentes tanto en los servicios de urgencia como consulta externa, aquejando a niños desde la etapa neonatal hasta la adolescencia.

Se produce por la presencia de bacterias que a afectan e invaden el tracto urinario ya sea por vía hematógena (sanguíneo), ascendente (de la vejiga a los riñones) o por contigüidad (tracto gastrointestinal).

El diagnóstico requiere la presencia simultánea de dos condiciones muy importantes: síntomas más urocultivo positivo. Con respecto a los síntomas, estos pueden variar de acuerdo a la edad de aparición, pudiendo ser tan inespecíficos como ictericia o coloración amarilla de la piel en los neonatos sin incompatibilidad sanguínea, somnolencia o malestar general, síntomas el tracto gastrointestinal tales como vómito, inapetencia o diarrea; así como también síntomas específicos de la vía urinaria, generalmente disuria o ardor para orinar, incontinencia de reciente aparición, sensación de vaciamiento incompleto, dolor abdominal o en la espalda, entre otros. O simplemente fiebre sin otros síntomas asociados o causa  especifica determinada usualmente de mas de 3 días de evolución.

En estos casos se debe realizar un parcial de orina para determinar la presencia de leucocitos, nitritos o estearasas leucocitarias; y siempre debe confirmarse con un urocultivo, el cual nos indicará la bacteria causante de la infección y los antibióticos que debemos seleccionar para un tratamiento especifico exitoso. Con todo lo anterior, es importante tener en cuenta tres aspectos:

  • El uroanálisis solo no es suficiente para diagnosticar infección de vías urinarias, debido a que pueden existir algunos factores que nos pueden confundir tales como la contaminación de la muestra al momento de recogerla o almacenarla, u otras enfermedades que producen leucocituria estéril como las glomerulonefritis o el lupus.
  • El urocultivo positivo en ausencia de síntomas se denomina bacteriuria asintomática y esto no requiere tratamiento, excepto en embarazadas o cuando los pacientes serán llevados a procedimientos urológicos.
  • La presencia de síntomas sugestivos de infección de vías urinarias requiere la realización de uroanalisis y urocultivo antes de iniciar antibióticos, para evitar falsos resultados negativos.

Se produce generalmente por bacterias que se encuentran normlmente en el tracto gastrointestinal, encontrándose frecuentemente la Eschericha Coli o Proteus Mirabillis, entre otros. Aunque también puede ser producido por virus, hongos e incluso parásitos, aunque esto es muy raro.

La clasificación clínica se basa principalmente en la porción anatómica que esté afectada, siendo la infección de vías urinarias altas cuando están comprometidos los uréteres y riñones, denominándose pielonefritis. Por el contrario, si se afecta solamente la vejiga se llama cistitis o infección de vías urinarias bajas. Usualmente la primera requiere tratamiento endovenoso antimicrobiano por 10-14 días y la segunda antibióticos por vía oral por 3-7 días, dependiendo de la condición clínica del paciente, recurrencia, comorbilidades u otros factores de riesgo asociados.

Un aspecto muy importante que se debe tener en cuenta es la forma de recolección de la muestra de orina, la cual depende de la edad, higiene y adquisición de la capacidad de controlar esfínteres. De tal manera que, en los neonatos, menores de 2 años y en aquellos niños que aún no controlan esfínteres, se debe tomar idealmente con sonda vesical. A diferencia de los niños mayores de 2 años y que ya pueden avisar o retener el deseo miccional, se recomienda recolectar la muestra de orina a mitad del chorro (desechando la primera mitad de la orina) en un frasco. La bolsa recolectora sebe usarse de rutina por la alta probabilidad de contaminación y la punción suprapúbica solo se reserva para casos especiales. Adicionalmente, tanto en la recolección con sonda vesical como con frasco, se requieren medidas de higiene específicas para evitar contaminación, tales como:

  • Recoger la primera orina de la mañana
  • Retraer el prepucio en los hombres
  • Separar labios mayores y menores en las mujeres
  • Limpiar con agua y jabón
  • Secar el introito de la uretra
  • Evitar el contacto de la piel del paciente con el recipiente que contiene la orina
  • Desechar la primera mitad del chorro
  • Tapar el frasco y llevar lo más pronto posible al laboratorio

Todos los pacientes con infecciones urinarias deben ser estudiados para descartar las malformaciones anatómicas de las vías urinarias y para ello contamos con las siguientes herramientas: ecografía de vías urinarias con medición del residuo postmiccional que es el volumen de orina en la vejiga antes y después de orinar. Este estudio nos permite evaluar la posición de los riñones, la presencia de dilataciones de la pelvis renal o los uréteres, y las características de las paredes de la vejiga. La uretrografía miccional es otro estudio que nos sirve especialmente para detectar el reflujo besico-ureteral que es el paso de la orina en forma ascendente de la vejiga a los riñones. La gamagrafía con DMSA es útil para determinar la presencia de cicatrices renales las cuales son secuelas de las infecciones de vías urinarias altas o pielonefritis.

Existen otros factores que también deben buscarse activamente en esta población independiente de que tengan o no una malformación congénita de la vía urinaria de base, tales como:

  • Estreñimiento: se refiere a disminución en la frecuencia de las deposiciones o aumento en la consistencia, es decir cuando son duras, caprinas, dolorosas con sangrados o fisuras en el ano. Por la contigüidad del recto con la vejiga es muy frecuente que se trasloquen las bacterias del intestino a la vejiga y por ello es clave el diagnóstico y manejo de esta condición tanto con dieta y/o medicamentos.
  • Disfunción miccional: este término hace referencia a un conjunto de síntomas que se presentan en los pacientes de forma persistente y que no se relacionan con las infecciones activas, es decir frecuencia urinaria aumentada (orinar mas de 10 veces al dia), incontinencia urinaria (salida de orina de forma involuntario o la incapacidad de contener la orina), enuresis (orinarse en la noche en la cama o cuando está dormido), bajos volúmenes de orina, sensación de vaciamiento incompleto, dificultades para iniciar la micción, aguantarse las ganas de orinar, entre otros. Estos trastornos requieren diagnóstico y tratamiento adecuado y oportuno para evitar la recurrencia de las infecciones, mejorar el pronóstico o los resultados quirúrgicos (cuando es necesario) y prevenir secuelas.

DIANA CAROLINA BELLO MARQUEZ

NEFROLOGA PEDIATRICA – UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

URODINAMIA INFANTIL

MAGISTER EN TELEMEDICINA

TORRE MEDICA SALUD Y SERVICIOS CONSULTORIO 1808

CLL 19ª No. 44-25

TEL: 4797983

dianabellomarquez@hotmail.com

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